Ruina o Revolución

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Sólo en un país de gilipollas se permitiría que una banca en quiebra absoluta reparta indemnizaciones millonarias a los gestores inútiles que la han hundido. Tampoco en un país de gilipollas los políticos responderían penalmente por haber malgastado recursos públicos en proyectos innecesarios y que han hipotecado el país.

Está claro, somos gilipollas. Y después de ver las declaraciones de bienes de los diputados en el Congreso, algunos diputados se creen que también somos gilipollas. 

Si no hallamos petróleo, gas o algún mineral preciado, a corto plazo se acerca una gran bola de nieve que muchos prefieren obviar.  Yo, al menos tengo claro que la mayoría de bancos están en quiebra virtual porque una gran mayoría de sus clientes no podrán pagar las hipotecas que tienen suscritas. Bien porque hace tiempo que no tienen trabajo ni prestación; bien porque se quedarán en el paro próximamente o porque su empresa o Administración pública no puede pagarles la nómina. 

Es tal la situación que en Mallorca algunas administraciones, instituciones y hospitales públicos ya han comunicado a sus empleados que no pueden asegurar sus nóminas para los próximos dos meses. España ya no es un lugar seguro ni para los funcionarios. 

El caso más reciente, el de los trabajadores de la Empresa Municipal de Transportes de Palma de Mallorca (EMT). Una situación tensa que se repetirá el mes que viene y que me recuerda a la situación que vivió Argentina hace unos años. Me consta que algunos políticos del Ayuntamiento de Palma pasaron mucho miedo. No están acostumbrados a rendir cuentas ¿Qué harán el mes que viene? ¿Huir? Pronto saldremos de dudas.

Quienes subestimaron desde sus escaños y sillones el 15M, ignoran que el hambre y los embargos están gestando una revolución de consecuencias imprevisibles.

¿Cómo vivirá la sociedad del bienestar quedarse sin casa, sin comida, sin trabajo? Está claro que rodarán cabezas, caerán gobiernos y habrá agresiones a los políticos de ahora y a los de antes... La historia ya ha vivido momentos de masas enfurecidas. 

Lo peor de España no ha sido tanto la corrupción como el malgasto en inversiones innecesarias y electoralistas: metros, aeropuertos, aves, óperas... Esto no puede quedar impune. Si no se les juzga por las buenas, la revolución se tomará la justicia por su mano. Lo que vimos antes del pleno del Ayuntamiento de Palma será un aperitivo de las revueltas que se avecinan, con violencia incluida. 

Está claro que asistimos al desmantelamiento del Estado del Bienestar y todavía no hemos tocado fondo. Cuando llegue este momento deberemos construir otro modelo de bienestar, basado en otro sistema más democrático y con gestores políticos altamente competentes y responsables. 

En este nuevo modelo ya no será el Estado quien sea el motor de la sociedad sino cada individuo: ¿qué puedo aportar a la sociedad?

También deberemos valorar si necesitamos una policía desdoblada en Guardia Civil y Policía Nacional, un Senado y diputaciones inútiles, un Ejército sobredimensionado, guerras de paz en Libia y en Afganistán que cuestan millones de euros al día, un sistema judicial obsoleto que utiliza un lenguaje del siglo XVIII y un largo etcétera de gastos que hay que recortar antes que determinadas políticas sociales y sanitarias.

Quienes asumen y asumirán las  responsabilidades de gobierno no podrán escudarse en el pasado y deberán ofrecer soluciones a corto plazo a una sociedad huérfana de Estado y hambrienta de todo. Hasta de venganza. 

Señoras y señores, estamos a las puertas de la ruina y de la revolución.

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