En la oscuridad

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Estoy en París y hace un frío tremendo. Pero vale la pena pasear un rato junto al Sena i acercarse a Dans le noir: un restaurante donde trabajan personas invidentes y en cuya sala se come en la oscuridad absoluta.

El vestíbulo es el único lugar, junto con los servicios y la cocina donde hay luz. Mientras tomamos un cocktail nos explican las reglas y nos preguntan si somos alérgicos a alguna cosa. Por supuesto, el menú es secreto.

Antes de entrar en la sala nos despojan de cualquier objeto que pueda emitir luz: móvil, cámara de fotos, reloj, etc.

Entramos en fila india guiados la que será nuestra camarera y que hace las veces de lazarillo. De repente, todo se vuelve negro. Negrísimo.  

De camino a la mesa, nos abruman la cantidad de sensaciones, sonidos y olores que nos llegan a través de otros sentidos. Cuesta orientarse. Creo que hay mucha gente en el local y que también es bastante grande. Por eso intento no soltarme de mi compañero.

Por fin nos sientan y en seguida nos traen el agua y el vino. ¡Qué aventura! Cómo servimos sin derramar nada. ¡Ah! Pronto adivinamos el truco. No os lo cuento; descubridlo. Luego esperamos, charlamos, escuchamos, olemos, nos aclimatamos. Me molesta estar con los ojos abiertos en un lugar tan y tan oscuro. Cuesta. De vez en cuando los cierro. Jamás había conocido la verdadera oscuridad.

Llega el primer plato. Mmm ¿qué será? ¿Cojo una cuchara, un tenedor? Tenedor. Huelo. Tanteo con el tenedor las diferentes texturas. Pruebo. Comentamos.

En la mesa de al lado tenemos una americanas un poco pijas. Parecen salidas de Gossip girl.

Servimos más agua y vino. Qué fácil. Hasta puedo mantener los ojos abiertos. Me siento más cómodo. Llega el segundo plato. Antes de aterrizar en la mesa ya hemos agudizado nuestra capacidad olfativa que nos permite adivinar alguno de los ingredientes. A la vez nos damos cuenta que somos capaces de experimentar casi todo lo que pasa en nuestro alrededor: qué comen los de al lado, cuanta gente puede haber.

Es curioso. La gente habla muy alto. Nosotros también ¿Será la sensasción de no verse?

Llega el postre. ¿Qué es esta textura? Mmmmm helado con bizcocho. Lo adivino porque meto el dedo. Para algo sirve el tacto...

Es de noche y no tomamos café. Nos hemos olvidado del nombre de nuestra camarera. Algo indispensable, pues aquí levantar la mano no sirve de nada. Finalmente se acerca y nos lleva de vuelta al vestíbulo. Nos ponemos en fila india cada uno apoyado en el hombro del que va delante. Nos desorientamos y perdemos la fila. De repente parece que estamos en la nada. Rodeados de voces, en cualquier parte. No nos acordamos del nombre de la camarera y hablamos entre nostros. De repente, uno de mis compañeros dice que acaba de apoyar la mano en el plato de alguien. Entre risas nos rescatan y llegamos al vestíbulo, donde comprobamos el menú que hemos tomado. Vuelve la luz y nos olvidamos de los sentidos.

Dans le noir también tiene restaurantes en Barcelona, Nueva York, Amsterdam y Tokyo. Hay que reservar con bastante antelación. Al menos en París.

Modificado por última vez enMiércoles, 29 Abril 2015 08:17
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